Compartir la Navidad

Probablemente si fuésemos capaces de amar, pero amar verdaderamente, sin condiciones, cambiaría la historia de la humanidad. La Navidad nos invita a mirar de forma diferente. A ver el mundo con los ojos del amor incondicional. 

Casi “nos obligan” a ser felices y estar en paz. Pero tras todo esto, existe la certeza de que durante estos días las personas son más amables y solidarias. Por ello la Navidad es propicia para inculcar en los niños valores como el compartir, no solo con los seres queridos, sino con aquellas personas que lo necesiten aunque sean desconocidas.  Ayudar, dar sin esperar nada a cambio. Enseñarles que no todo es consumir y gastar, sino que, además de los regalos materiales, existen otros gratuitos que nos pueden proporcionar la misma felicidad, como  abrazar, besar, escuchar, acompañar a alguien, sonreír, hacer una postal… es decir, disfrutar de las pequeñas cosas, de los pequeños actos que benefician tanto al que lo recibe como a quien lo otorga. También se pueden rescatar tradiciones familiares desconocidas para el pequeño. Iniciarlo en las artes culinarias (preparando platos típicos navideños) o que ayude en la organización de las celebraciones. Se sentirá útil y querido, por lo que aumentará su autoestima. Pero por encima de todo, que la familia sea capaz de transmitirle armonía, alegría, generosidad y tolerancia, con su propio ejemplo.

“Momentos tranquilos, en grata compañía, vividos con humor y optimismo, facilitan la expansión del espíritu, dan descanso al cuerpo y traen paz al corazón del ser humano” (Marcela Ariza).

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