Novelas desde el tintero

Existe constancia de que muchos de los autores más famosos de todos los tiempos dejaron novelas inconclusas, ya fuera debido a su muerte o falta de inspiración. Así pues, en algunos casos aún podemos conservar parte de la obra, en otros ni siquiera se publicaron. 

 

Ejemplo claro es J.R.R Tolkien, con la publicación reciente de su primera obra “The Story of Kullervo”, donde escribía con 22 años sobre el universo de la Tierra Media.   

 

Otro gran ejemplo es Ernest Hemingway con su libro “El jardín del Edén”, publicado 25 años después de su muerte. Esta obra más bien puede calificarse como una mezcla de borradores, correcciones y nuevos añadidos, cosechando grandes ventas y decepciones a partes iguales.

 

José Saramago tampoco pudo concluir su novela “Alabardas”, de la que solo escribió 3 capítulos. La obra fue completada con los textos de Roberto Saviano y Fernando Gómez Aguilera, publicándose el pasado año.

 

El castillo”, de Franz Kafka, también quedó inacabada, aunque se desconoce si fue debido a su fallecimiento o, simplemente, porque no estaba satisfecho con su obra. Pidió que sus textos fuesen quemados tras su muerte, siendo ignorada su petición.

 

Durante su encierro en La Bastilla, el Marqués de Sade comenzó a escribir “Los 120 días de Sodoma”, un texto de unas pocas páginas con una letra minúscula. No sabemos si Sade finalizó la obra, ya que su hijo quemó todos los manuscritos tras la muerte de su padre.  

 

El misterio de Edwin Drood”, escrita por Charles Dicken, fue inacabada a causa de su muerte. Aunque fue publicada en 1870, nadie sabe quién es el culpable de esta novela policiaca, convirtiéndose es un gran enigma de la literatura. 

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